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Hermano, hermana, para cada cristiano la oración es un deber esencial pero, para ti, es radical. Esa es tu función en la iglesia. Hermano, hermana, no lo olvides: no debes preferir nada a la oración a tu Dios. La oración será sobretodo comunitaria: esa se realiza en los oficios de la mañana, la tarde y el mediodía. En ella escucharás la Palabra, alabarás a tu Señor y orarás por los hombres junto con tus hermanos y hermanas.

De la Regla de Bose

Invoca el Espíritu Santo

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Toma la Biblia, colócala delante de ti con reverencia porque es el Cuerpo de Cristo, haz la epíclesis, la invocación del Espíritu. Y el Espíritu que presidió a la gestación de la Palabra, es Él que la hizo hablar y escribir a través de los profetas, los sabios, Jesús, los apóstoles, los evangelistas, es Él que la dio a la Iglesia y la hizo viajar intacta hasta ti.

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Lee...!

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Abre la Biblia y lee el texto: no lo escojas aleatoriamente, porque la Palabra de Dios no se mordisca. Obedece al leccionario litúrgico y acepta el pasaje que la iglesia te ofrece, o entonces, lee un libro de la Biblia del principio hasta el final a través de la lectio cursiva. La obediencia al leccionario o al libro son esenciales para una obediencia cotidiana, para una continuidad en la lectio, para no caer en el subjetivismo de la elección del pasaje que es agradable o se considera necesario.

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Medita...!

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Qué cosa significa meditar? No es fácil decirlo. Ciertamente significa, en primer lugar, profundizar el mensaje leído que Dios te quiere comunicar. Por lo tanto, es necesario, el esfuerzo, la voluntad, porque la lectura debe convertirse en una reflexión atenta y profunda. Es verdad que, en otros tiempos, aprendiendo la Biblia de memoria, el cristiano tenía mayor facilidad de reflexionar repitiendo en su corazón la Palabra oída o leída.

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Ora...!

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Ahora, háblale a Dios, respóndele, a sus invitaciones, a su apelo, a sus inspiraciones, a las llamadas, a los mensajes que te ha revelado en la Palabra comprendida a través del Espíritu santo. No ves que fuiste acogido en el ámbito trinitario, en el inefable coloquio del Padre, del Hijo y del Espíritu? No te detengas aún a reflexionar, entra en diálogo y habla como un amigo con su amigo (Dt 34,10).

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